En un reciente comentario en este blog, Fernando Jiménez escribe sobre la importancia creciente que tiene la formación de gestores públicos y funcionarios con el fin de que proporcionen un mejor servicio público a los ciudadanos. Ciertamente, la función pública se asemeja cada día más a la gestión empresarial, y la responsabilidad de los administradores públicos se comienza a medir en términos del valor añadido que aportan sus servicios al interés general. Ello requiere, posiblemente, una mejor preparación y formación gerencial y técnica.
El ámbito donde las relaciones entre Administración Pública y ciudadanos alcanza mayor intensidad, como indica Jiménez, es el de los gobiernos regionales y locales, porque gran parte de las competencias administrativas en la prestación de servicios públicos están transferidas a estas corporaciones.
Un ejemplo de la aplicación de sistemas de medición empresarial a la administración local se contiene en el reciente estudio ‘Análisis del Desarrollo del Gobierno Electrónico Municipal en España’ desarrollado por la ‘Cátedra Software AG - Alianza Sumaq en e-Government’. En la presentación del estudio, el Profesor José Estévez, titular de la cátedra, explicaba que "en España muchas ciudades están intentando ofrecer servicios por Internet, pero muy pocas lo hacen de forma estratégica". Sin duda, unas palabras que ponen de relieve la necesidad de incorporar el análisis empresarial a la función pública.
Una cuestión terminológica que tiene gran importancia simbólica es la manera de referirse al usuario o cliente de los servicios públicos: normalmente se habla del "administrado" –así por ejemplo lo hace Jiménez en su post- . La expresión me recuerda el término con el que se referían a los clientes las empresas que operaban en régimen de monopolio, cuando hablaban de los "abonados", significando que su posición era débil y carente de derechos. ¿No valdría la pena cambiar el discurso, y empezar a hablar de "ciudadanos-clientes" más que de "administrados"?





Siento profundamente que mi post se haya podido mal interpretar. Soy un defensor a ultranza de un profundo cambio en la mentalidad de la administración, estoy absolutamente a favor de inclinar claramente la balanza hacia nuestos clientes, es decir los cuidadanos, de implantar sistemas de calidad y evaluación de los servicios, de medir el rendimiento de los funcionaros, incluso de eliminar muchas de las "prevendas" de los funcionarios y asimilarlos a cualquier trabajador que presta sus servicios en el sector privado.
No quisiera dejar ninguna duda al respecto y mucho menos por una cuestión terminológica, bajo mi punto de vista, el único objetivo que tiene sentido para cualquier administración es servir, cuidar y atender al ciudadano. Hablando de terminología, mucho más adecuado me parece el término inglés "civil servant", que el castellano, todos los que trabajamos para la administración deberíamos preocuparnos por ser, simplemente, los mejores "civil servant".
Posted by: Fernando Jiménez | Monday, 21 November 2005 at 05:12 PM
Completamente de acuerdo con la matización de Fernando. Como trabajador de una institución de carácter público de una administración regional me pregunto, sin embargo, hasta que punto la cultura del más rancio "funcionariazgo" ha penetrado en nuestra sociedad, y no sólo en la administración. Grandes bancos, cajas de ahorros, y, en general, empresas que ofrecen gran estabilidad laboral, ven como crece entre sus trabajadores ese sentimiento acomodaticio tan pernicioso para nuestra "competitividad social". ¿Por qué es tan atractivo, sin embargo, emprender esta anodina carrera profesional? ¿Qué factores valoran los jóvenes que optan a este tipo de puestos? ¿Podemos llegar a cambiar su forma de pensar, y orientarlos hacia un emprendedurismo personal más activo?
Posted by: Roberto Parras Cortés | Friday, 25 November 2005 at 07:34 PM
Estimado Roberto, gracias por tu comentario.
Contestanto a tus preguntas te puedo decir que la Administración tiene un claros atractivos, entre ellos los horarios fijos, en los puestos que no son de libre designación, sueldos razonables y estabilidad. Además de la posibilidad de moverte por toda la geografía nacional y cada vez más por organismos internacionales, en los que las condicionales salariales son mucho más interesantes.
El problema no está en los jóvenes que empiezan a trabajar en el Sector Público, que llegan llenos de ideas y ganas de hacer las cosas mejor, sino en la propia endogamia del sistema, rigideces excesivas, cadenas de mando interminables, resistencia al cambio, salarios no ligados al rendimiento, no se incentivan las ideas, muy al contrario poner en marcha algo nuevo supone un desgaste personal y profesional enorme.
Si no somos capaces de romper con estas tendencias, aplanando las estructuras, ligando la carrera profesional al desempeño y olvidándonos de la antiguedad, si no podemos promocionar a los talentos, seguiremos siendo víctimas del sistema y lo peor no es eso, lo peor es que el mayor perjudicado seguirá siendo, como siempre nuestro cliente.
Posted by: Fernando Jiménez | Monday, 28 November 2005 at 06:42 PM